Herramienta del Marketplace

Meditación y Visualización

El escaneo corporal que llevas años leyendo, el lugar seguro que grabaste una vez, la inducción que escribiste para un paciente concreto. Escritas o grabadas, todas en el mismo sitio — y sonando dentro de la sesión, no en una ventana compartida al lado.

¿Por qué no vale con compartir pantalla?

Guiar una meditación en una sesión online se hace hoy de dos maneras, y las dos fallan por el mismo sitio. Si pones el audio compartiendo pantalla, tu paciente ve tu navegador —tus pestañas, tu reproductor— y las caras desaparecen justo cuando más falta hacen. Si lo ponéis cada uno por su lado, sonáis desfasados.

Leer en directo tiene su propio fallo: desde un documento en otra ventana estás mirando la ventana, no a tu paciente, y pierdes el punto por el que ibas cada vez que levantas la vista.

Aquí el audio se publica dentro de la llamada como una pista más: una sola reproducción, la misma para los dos. Y el texto avanza en tu pantalla como un teleprompter, al ritmo que tú fijaste. Tu paciente ve el título y por dónde vais — nada más.

La herramienta, por dentro

Un guion, una grabación, o las dos cosas

Una meditación no es un tipo de archivo: unas veces la lees tú en directo y otras la pusiste en audio hace meses. Aquí es lo que contenga —texto, grabación o ambas—, y el reproductor de la sesión se comporta en consecuencia sin que tengas que decírselo.

El editor de una meditación nueva en Alchely: el título, las instrucciones, el idioma, y el campo de texto con el botón de dictar y un guion que empieza por las etiquetas [10s] y [gong]
El texto

Escrito o dictado, y con sus silencios dentro

Escribe la meditación o díctala en voz alta: el navegador la transcribe mientras hablas, que es como se escribe de verdad algo pensado para decirse. Cada línea en blanco es una pausa. Y le pones un ritmo de lectura, entre 40 y 160 palabras por minuto: una meditación guiada se lee muy por debajo de la conversación —las pausas son parte del trabajo—, así que el valor de partida son 90.

Pero una meditación es sobre todo lo que no se dice, y eso también se escribe. [10s] es un silencio de diez segundos y [2m] uno de dos minutos: el prompter se para ahí y cuenta hacia atrás. La etiqueta no llega nunca a la pantalla, el silencio dura lo que dice sea cual sea el ritmo de lectura, y Alchely no añade ningún respiro suyo antes de una pausa que pusiste tú.

[gong] hace sonar el cuenco tibetano de la sala para los dos, exactamente donde lo escribiste: al borde de un silencio, que es donde va una campana — y no a mitad de frase mientras estiras la mano hacia la barra de controles. No ocupa tiempo, y solo suena con la meditación en marcha. Son las dos únicas etiquetas, y no habrá una tercera sin un mecanismo detrás: una sobre la que el prompter no actuara sería un comentario disfrazado de instrucción.

Estudio de grabación de Alchely: la onda de una toma de once segundos con los botones de parar y pausar, la pista de fondo elegida entre «Sin música» y la música propia del terapeuta, y los volúmenes de la voz al 100 % y de la pista al 25 %
La grabación

Un estudio en el navegador, no un editor de audio

Grabas tu voz en Alchely, la escuchas, y eliges la pista de fondo después de oír cómo ha salido — porque la música se elige contra una toma concreta, no en abstracto. La mezcla suena en el estudio exactamente como sonará en sesión, con el volumen de tu voz y el de la pista por separado.

O subes un audio que ya produjiste fuera. Lo que no hay es edición: una toma se conserva o se vuelve a grabar. Tampoco hay voz sintética ni guiones generados — que la voz sea la tuya es justamente el instrumento.

Pestaña «Mis pistas» de Meditación y Visualización: el botón de subir música, el aviso de que los derechos de lo que subas son cosa tuya, y una pista propia con sus botones de escuchar, renombrar y quitar
La música

Usa tus propias pistas en tus meditaciones

Debajo de una meditación puede sonar una pista, o ninguna. Si ya trabajas con una pieza concreta, la subes una vez a tu estantería y queda disponible en el estudio y en la llamada, debajo de todas las meditaciones que quieras. Es tuya, no de una meditación: la misma pieza va debajo de varias.

Al subirla confirmas que tienes los derechos, porque eres la única persona que sabe de dónde salió — y eso cuenta sobre todo si acabas publicando la meditación. Quitar una pista de la estantería no cambia las meditaciones que ya la usan: siguen sonando con ella.

Una meditación en marcha dentro de una sesión de AlchelyMeeting: el prompter sobre el vídeo con el párrafo que se está leyendo destacado, las marcas de «10 s de silencio» y «Cuenco», el selector de pista y los controles de ritmo, y el botón de Gong en la barra de la llamada
En sesión

Dos pantallas, y dos cosas distintas en ellas

Desde la barra de AlchelyMeeting eliges la meditación y le das a comenzar. En tu pantalla el prompter marca el párrafo que toca y deja legibles los de antes y los de después; si te has adelantado o te has quedado atrás, tocas el párrafo por el que vas de verdad y la marca se mueve ahí. También puedes cambiar el ritmo sobre la marcha: el que guardaste es el que su autora pensó, pero lo que se lee hoy depende de quién está delante — y el cambio dura lo que dura la lectura, no reescribe la meditación. El texto se agranda y se encoge en tres pasos, y tu navegador recuerda el tuyo: leer desde el portátil en la mesa no es leer desde una pantalla al otro lado de la habitación.

En la de tu paciente, una tarjeta que dice que ha empezado una meditación —el título y «Cierra los ojos y sigue la voz de tu terapeuta.»— y que se retira sola a los diez segundos. Sin barra de progreso y sin reloj: quien tiene los ojos cerrados no necesita saber que quedan once minutos, y decírselo es invitarle a contarlos. El guion no sale de tu pantalla, y los controles tampoco: empezar, pausar, moverse y terminar son tuyos. Puedes cerrar el panel sin cortar la meditación, y si Alchely detecta que su pantalla ha dejado de seguirte, te avisa.

Entre sesiones

La meditación sigue en el portal de tu paciente

Una meditación guiada se practica, no se asiste. Tú la lees una vez en sesión; lo que cambia algo es que tu paciente la vuelva a poner el martes por la noche — y hasta ahora no había ningún sitio donde eso pudiera pasar.

Compartes la que quieras con los pacientes que quieras y aparece en su portal, para leerla o para escucharla con tu voz y la música mezcladas como tú las dejaste. En solo lectura: no pueden cambiar nada, y como leen tu meditación y no una copia, lo que edites esta noche es lo que oigan mañana. Quitársela a uno no se la quita a los demás.

En su pantalla las etiquetas se leen por lo que significan —«Silencio de 30 s», «Suena la campana»—, porque un paciente que lee [30s] en mitad de una meditación se lo lee en voz alta por dentro, que es justo lo contrario de un silencio.

El catálogo

Un catálogo público para compartir con otros terapeutas

Los terapeutas se piden guiones constantemente, y lo que frena a quien tiene uno bueno no es la generosidad: es que pasar un documento significa perder cualquier vínculo con él. Publicar una meditación la pone en un catálogo que ven todos los terapeutas, con tu nombre y con la licencia que elijas —de todos los derechos reservados a CC0—. Quien la quiera se lleva una copia, no un enlace: la edita para su forma de trabajar y sigue diciendo de quién es. Retirarla es un clic, y no toca las copias que ya se llevaron.

Cada meditación lleva las terapias en las que la usarías y los motivos de consulta para los que es. Si trabajas de una forma que la lista no recoge, la escribes con tus palabras y se añade tal cual. Luego filtras por terapia, por motivo, por idioma, por si es texto, grabación o ambas, y buscas por título o instrucciones. Cada tarjeta dice además cuánto dura: la cuenta del prompter —palabras, respiros y silencios— y, si la pones, tu propia estimación por delante.

Por qué usarlo

Qué cambia cuando la meditación vive dentro de la sesión

No es que Alchely reproduzca audio: es que el audio, el guion y las dos pantallas dejan de ser cuatro cosas que tienes que coordinar tú mientras guías.

Una sola reproducción

El audio va dentro de la llamada como una pista más. Ni compartir pantalla, ni dos reproductores desfasados, ni tu navegador asomando en la pantalla de tu paciente.

Tu voz, no una sintética

No hay texto a voz ni guiones generados por IA. Lo que tu paciente oye lo has escrito y lo has leído tú, que es exactamente lo que hace que funcione.

Sin perder el punto

El prompter marca por dónde vas, cuenta los silencios que escribiste y deja legible lo que viene, al tamaño de letra que elijas. Puedes mirar a tu paciente y volver al texto sin buscarlo.

La música es tuya

Silencio, o la tuya. La subes una vez a tu estantería y la tienes debajo de todas las meditaciones que quieras, en el estudio y en la llamada.

Publicar

Tu nombre y tu licencia viajan con la meditación, y con cada copia que alguien se lleve. Retirarla es cosa tuya, y puedes hacerlo cuando quieras.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre una meditación y una visualización aquí?

Como herramienta, ninguna: las dos son un texto que guías, una grabación, o las dos cosas a la vez. La distinción la pones tú en las etiquetas. El nombre las menciona a las dos porque buena parte de lo que se escribe con esto son visualizaciones —un lugar seguro, una instalación de recursos en EMDR, una inducción hipnótica—, y quien buscaba eso no tenía motivo para abrir una tarjeta que solo dijera «meditación».

¿Hace falta grabar? ¿Y hace falta escribir?

Ninguna de las dos por separado, pero al menos una. Una meditación puede ser solo texto —lo lees tú en directo, con la pista de fondo sonando debajo—, solo grabación, o las dos cosas: el mismo guion disponible para leerlo el día que hay voz, y grabado para el día que no.

¿Puedo escribir las pausas dentro del texto?

Sí, y es la forma de que el prompter las respete. [10s] es un silencio de diez segundos y [2m] de dos minutos: el prompter se para ahí y cuenta hacia atrás, y la etiqueta no llega nunca a la pantalla. [gong] hace sonar el cuenco tibetano de la sala para los dos, sin ocupar tiempo. Son las dos únicas etiquetas, y no habrá una tercera sin un mecanismo detrás: una sobre la que el prompter no actuara sería un comentario disfrazado de instrucción. Un silencio escrito dura lo que dice a cualquier ritmo de lectura, y está topado en diez minutos para que una errata no deje parada una sesión.

¿Me puedo fiar de la duración que aparece en el catálogo?

La calculada cuenta lo mismo que después ejecuta el prompter: las palabras a tu ritmo, el respiro entre párrafos y los silencios que escribiste. Lo que no puede contar es que con un paciente delante vas más lento y el último silencio se estira, así que puedes escribir tu propia estimación en minutos. Entonces la tarjeta enseña la tuya primero y la del prompter al lado.

¿Cómo suena para mi paciente?

Suena dentro de la llamada. El audio se reproduce en tu navegador y se publica en la sala como una pista más, así que tu paciente oye la misma reproducción que tú y no una suya en paralelo que acabaría desfasada. Al terminar, la pista se retira de la llamada. Si la meditación es solo texto con pista de fondo, lo que se publica es la pista y tu voz va encima, por el micrófono de siempre.

¿Puede mi paciente ver el guion?

No. Su pantalla solo dice que ha empezado una meditación, con el título, y se retira sola a los diez segundos. No hay barra de progreso ni reloj, y es deliberado: quien tiene los ojos cerrados no necesita saber cuánto queda. Los controles tampoco son suyos: empezar, pausar, moverse y terminar son tuyos, y una instrucción que llegue desde su lado se ignora.

¿Puedo usar mi propia música?

Sí. La subes a tu estantería, le pones nombre y queda disponible en el estudio y en la llamada, debajo de todas las meditaciones que quieras. Al subirla confirmas que tienes los derechos para usarla, también si acabas publicando la meditación: eres la única persona que sabe de dónde salió esa pista. Quitarla de la estantería no cambia las meditaciones que ya la usan.

¿Puedo dársela a un paciente para que la practique en casa?

Sí. Compartes la que quieras con los pacientes que quieras y les aparece en su portal, para leerla o escucharla con tu voz y la música mezcladas como las dejaste. Es solo lectura y no es una copia: leen tu meditación, así que lo que edites esta noche es lo que oigan mañana, y quitársela a uno no se la quita a los demás. Las etiquetas del guion se les muestran por lo que significan —«Silencio de 30 s», «Suena la campana»— en vez de en crudo. Si dejas de usar la herramienta, dejas también de repartirlas y las ya repartidas se van con ella.

Si publico una meditación, ¿la pierdo?

No. Publicarla la hace visible para el resto de terapeutas con tu nombre y la licencia que elijas, y por defecto esa licencia reserva todos los derechos. Editarla, retirarla y borrarla siguen siendo cosa tuya y de nadie más. Quien la adopta se lleva una copia privada suya que sigue diciendo que la escribiste tú, y si retiras la original esas copias no desaparecen de la práctica de nadie.

¿Funciona en cualquier navegador?

Grabar y guiar, sí: el grabador negocia con el navegador el formato que este sepa producir en vez de dar uno por hecho. El dictado por voz es la excepción, porque lo ofrecen Chrome y Safari pero no Firefox; donde no existe, el botón sencillamente no aparece y el texto se escribe igual.

¿Necesito un plan concreto para usarla?

Meditación y Visualización es una de las herramientas del plan Plus. Se adopta desde el catálogo cuando la quieras y se quita igual, y al adoptarla aparece en tu menú lateral y en la barra de AlchelyMeeting. Si la quitas, tus meditaciones siguen guardadas.

Funciona sobre la misma plataforma que todo lo demás

Añade Meditación y Visualización a tu práctica cuando quieras — sin cuenta aparte, sin biblioteca aparte.

Pruébalo en tu práctica