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Cómo hacer terapia online: guía completa para terapeutas

En 2020 muchas consultas se pasaron a la videollamada de un día para otro. Seis años después, la pregunta ya no es si la terapia online funciona, sino cómo hacer terapia online bien: con qué encuadre, con qué consentimiento, con qué herramientas y con qué garantías legales.

Portada del artículo: cómo hacer terapia online, guía para terapeutas

La diferencia entre una práctica online sólida y una improvisada casi nunca está en la técnica terapéutica. Está en los cimientos: el encuadre que se acuerda antes de la primera sesión, el plan que existe (o no) para una crisis, y el rastro documental que queda entre una sesión y la siguiente.

Esta guía recorre esos cimientos uno a uno, con las referencias deontológicas y normativas que aplican en España.

Lo que dice la evidencia: la modalidad no es el factor limitante

Conviene empezar por aquí, porque muchas dudas sobre la terapia online son en realidad dudas sobre su eficacia.

El metaanálisis de Fernandez y colaboradores (2021) revisó 56 estudios intragrupo (N = 1.681) y 47 estudios entre grupos (N = 3.564). La terapia por videoconferencia mostró un efecto pre-post grande (g = 0,99) y una diferencia prácticamente nula frente a la terapia presencial (g = 0,01; IC 95 % [-0,23; 0,26]).

Clinical Psychology & Psychotherapy

Sobre la preocupación más repetida —«por pantalla no se construye vínculo»—, el metaanálisis de Seuling y colaboradores (2023), con 18 publicaciones, no encontró diferencias significativas en alianza terapéutica entre videoconferencia y presencial, ni valorada por pacientes (SMD = -0,09) ni por terapeutas (SMD = 0,04).

La lectura práctica no es «da igual el formato». Es más interesante: cuando la implementación está cuidada, el formato deja de ser la variable relevante. Lo que marca la diferencia es todo lo que viene a continuación.

Los cuatro cimientos antes de la primera sesión

La Guía para la Intervención Telepsicológica, editada por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (de la Torre Martí y Pardo Cebrián), es la referencia más concreta en castellano sobre terapia a distancia. Está escrita desde el ámbito de la psicología, pero sus criterios sirven de marco para cualquier profesional que acompañe procesos terapéuticos por videollamada. De ella salen los cuatro puntos que conviene tener resueltos antes de abrir la primera sesión.

1. Competencia específica, no solo competencia clínica

Ser buen terapeuta presencial no implica automáticamente serlo online. La guía es explícita: se requiere formación y experiencia específicas en la modalidad a distancia, y esa competencia abarca cuatro planos —la intervención terapéutica online, el manejo tecnológico, la adaptación de la comunicación y el conocimiento del marco ético y normativo.

En la práctica esto significa: formación específica, supervisión durante los primeros casos y práctica con la tecnología antes de usarla con una persona real. Probar la plataforma por primera vez el día de la primera sesión es un error de encuadre, no un problema técnico.

2. Un consentimiento informado adaptado a lo online

El consentimiento de tu consulta presencial no sirve tal cual. Un consentimiento para terapia online debe recoger, como mínimo:

  • La tecnología concreta que se va a utilizar y sus canales alternativos.
  • Qué ocurre si se corta la conexión: canal de respaldo acordado por escrito.
  • Las características del proceso terapéutico en formato online y sus límites.
  • El tratamiento de los datos personales: finalidad, base jurídica, plazo de conservación y encargados de tratamiento implicados.
  • Cómo ejercer los derechos de acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación y portabilidad.
  • La política sobre grabaciones: si se graba, con qué finalidad, dónde se almacena y durante cuánto tiempo.

La Ley 41/2002 establece que el consentimiento será verbal por regla general y escrito en supuestos concretos (intervención quirúrgica, procedimientos invasores o de riesgo notorio). La psicoterapia no encaja en esos supuestos, pero eso no es un argumento para no documentarlo: el consentimiento escrito en terapia online es una recomendación deontológica y, en materia de protección de datos, tu principal prueba de diligencia.

Si aún no tienes uno adaptado, nuestro generador de consentimiento informado construye el documento desde los datos de tu consulta, con los apartados de modalidad online, protección de datos y grabación ya incluidos. Es gratuito y funciona en tu navegador.

3. Verificación de identidad y ubicación

Es el punto que más se salta y el que más problemas puede dar. La guía recomienda constatar —presencialmente o por videoconferencia— que la persona es quien dice ser, solicitando documentación acreditativa. Con menores, hay que verificar además la patria potestad o tutela.

Y conviene registrar dónde está la persona durante las sesiones. No es burocracia: es lo que hace viable el punto siguiente.

4. Un plan de crisis escrito, antes de empezar

La guía del COP Madrid lo plantea como requisito previo: el terapeuta debe disponer de un plan de actuación que garantice la seguridad de la persona en caso de emergencia antes de iniciar el proceso.

Un plan mínimo incluye:

  • Dirección física desde la que se realizan las sesiones.
  • Un contacto de emergencia acordado y consentido por escrito.
  • Los recursos de urgencia de su localidad, no de la tuya: servicios de emergencia, unidad de salud mental de referencia, líneas de atención en crisis.
  • Un criterio explícito y por escrito de cuándo se interrumpe la modalidad online y se deriva a presencial.

Esta es la diferencia estructural entre la consulta física y la online: en tu despacho, el marco de seguridad lo aporta el propio espacio. Online, el marco de seguridad hay que construirlo por adelantado y por escrito.

Cómo elegir plataforma: cinco preguntas que filtran casi todo

No preguntes «¿es segura?». Pregunta esto:

  1. ¿Dónde están alojados los datos? Servidores en la Unión Europea evitan por completo el problema de las transferencias internacionales.
  2. ¿Me firman un contrato de encargado de tratamiento? Si la respuesta requiere insistir, la respuesta es no.
  3. ¿Qué cifrado aplican, en tránsito y en reposo? Y quién tiene acceso técnico al contenido.
  4. ¿Se utilizan mis datos para entrenar modelos de inteligencia artificial? Con datos de terapia, la única respuesta aceptable es un no contractual y por escrito.
  5. ¿Puedo exportar y borrar los datos cuando decida dejar de usar la herramienta? Si no puedes salir con tus datos, no eres el responsable del tratamiento: eres su rehén.

Las versiones básicas y gratuitas de las plataformas de videollamada generalistas suelen fallar en las preguntas 2 y 4. Para uso terapéutico, busca planes empresariales o herramientas diseñadas específicamente para el ámbito de la salud.

El encuadre online: lo que cambia dentro de la sesión

Con los cimientos puestos, quedan los detalles que separan una sesión online cuidada de una videollamada.

Tu espacio comunica

Fondo neutro, luz frontal, cámara a la altura de los ojos y auriculares. La cámara ligeramente por encima genera una asimetría sutil que se percibe aunque nadie sepa nombrarla.

Su espacio se acuerda

La guía del COP Madrid recomienda pactar explícitamente el lugar físico desde el que se conecta la persona y pedirle un espacio privado, sin terceras personas presentes. Si se conecta desde el coche o desde una habitación compartida, eso es material terapéutico, no un inconveniente logístico.

Los primeros minutos sustituyen a la sala de espera

Presencialmente, el trayecto y la espera preparan a la persona para la sesión. Online, se pasa de una hoja de cálculo a tu cara en dos segundos. Un minuto de transición explícita al inicio recupera ese espacio.

Los silencios pesan distinto

La latencia hace que las pausas se lean como fallos de conexión. Sostenerlos requiere señalarlos: «me quedo un momento con lo que acabas de decir».

El cierre necesita ritual

Sin el gesto de levantarse y cruzar la puerta, la sesión puede terminar de forma abrupta. Un cierre verbal más marcado que en presencial compensa esa ausencia.

Continuidad entre sesiones: el punto ciego de la práctica online

Aquí está el problema que casi nadie anticipa.

En la consulta presencial, el contexto se reconstruye con ayuda del espacio: la carpeta sobre la mesa, la nota al margen, la memoria física del lugar. Online, ese andamiaje desaparece. Y con agendas que se llenan más fácilmente —una de las razones por las que la modalidad online resulta atractiva—, la distancia entre lo que ocurrió en la sesión 7 y lo que recuerdas al empezar la sesión 8 se ensancha.

La consecuencia no es dramática, es acumulativa: se repiten preguntas ya respondidas, se pierden hilos que la otra persona sí sostiene, y la sensación de continuidad —que es parte del efecto terapéutico— se erosiona sesión a sesión.

Trabajar esto tiene poco que ver con escribir más y mucho con escribir mejor:

  • Registra el hilo, no la transcripción. Qué se abrió, qué quedó pendiente, con qué palabras exactas lo nombró la persona.
  • Documenta el mismo día. Las notas escritas 48 horas después pierden precisamente los matices que importan.
  • Deja una línea de apertura. Una sola frase sobre por dónde retomar convierte el inicio de la siguiente sesión en continuidad en lugar de arranque en frío.
  • Mantén una vista longitudinal. Poder revisar la evolución de un proceso completo, y no solo la última nota, es lo que permite detectar patrones que en el día a día pasan desapercibidos.

Si escribes las notas a mano cada vez, nuestras plantillas de nota clínica —SOAP, DAP, BIRP, GIRP y cuatro más— dan la estructura ya montada, con qué va en cada campo.

Es exactamente el trabajo que motivó Alchely: reducir la carga administrativa y sostener la continuidad longitudinal de los procesos terapéuticos, con la infraestructura de cumplimiento que estos datos exigen —servidores en la UE, contratos de encargado de tratamiento y el compromiso de no entrenar modelos con los datos de las personas atendidas.

Cuándo la terapia online no es la opción adecuada

Una guía honesta tiene que incluir sus límites. El COP Madrid desaconseja la intervención exclusivamente a distancia en situaciones como:

  • Crisis recurrentes o riesgo agudo para la seguridad de la persona.
  • Cuadros psicóticos en fase aguda.
  • Situaciones que puedan requerir hospitalización o valoración presencial inmediata.
  • Contextos donde no sea posible garantizar la privacidad, por ejemplo violencia en el domicilio.

Que la evidencia respalde la eficacia general de la terapia por videoconferencia no significa que sea apropiada para todos los casos. El criterio profesional sobre la indicación de la modalidad es parte de la competencia terapéutica, no un trámite previo.

Preguntas frecuentes sobre cómo hacer terapia online

¿Es obligatorio el consentimiento informado por escrito en terapia online?

La Ley 41/2002 no lo exige expresamente para psicoterapia: reserva el escrito para intervenciones quirúrgicas, procedimientos invasores y de riesgo notorio. Sin embargo, las guías deontológicas lo recomiendan y, en materia de protección de datos, el documento escrito es tu principal prueba de cumplimiento. En la práctica: hazlo por escrito.

¿Puedo atender por videollamada a personas que están fuera de España?

Técnicamente sí, pero se abren dos cuestiones: la regulación del ejercicio profesional en el país de residencia de la persona y la viabilidad real de tu plan de crisis a distancia. Antes de aceptar el caso, consulta con tu colegio o asociación profesional y verifica que tu seguro de responsabilidad civil cubre esa situación.

¿Cuánto tiempo debo conservar la documentación de un proceso online?

Para la documentación clínica, el mínimo estatal es de cinco años desde el alta del proceso asistencial (artículo 17 de la Ley 41/2002). Varias comunidades autónomas establecen plazos superiores, así que comprueba tu normativa autonómica. El formato digital no altera la obligación.

¿Puedo grabar las sesiones online?

Solo con consentimiento explícito, específico y revocable, y con una finalidad determinada (supervisión, documentación del proceso). La grabación multiplica el riesgo: exige cifrado, control de accesos, plazo de conservación definido y un contrato de encargado de tratamiento con quien la almacene. Si la finalidad se cubre con notas, las notas son la opción más prudente.

¿Es menos eficaz la terapia online que la presencial?

La evidencia disponible no lo respalda. El metaanálisis de Fernandez et al. (2021) encontró una diferencia prácticamente nula entre modalidades (g = 0,01), y Seuling et al. (2023) no hallaron diferencias en alianza terapéutica. La variable relevante no es el formato, sino la calidad de la implementación.

¿Vale Zoom, Meet o Teams para hacer terapia online?

Las versiones básicas y gratuitas normalmente no: sin contrato de encargado de tratamiento firmado y sin garantías sobre el uso de los datos, no cumples el RGPD. Los planes empresariales de algunos proveedores sí ofrecen contrato de encargado y alojamiento en la UE. Verifica siempre las cinco preguntas de la sección de plataformas antes de decidir.

En resumen

Hacer terapia online con rigor no consiste en dominar una tecnología. Consiste en reconstruir por escrito lo que la consulta física te daba de forma implícita: el marco de seguridad, el encuadre del espacio, la continuidad entre sesiones y la trazabilidad de los datos.

La buena noticia es que ese trabajo se hace una vez y se sostiene después. La mala es que no se puede improvisar en la primera sesión.

Fuentes

  • De la Torre Martí, M. y Pardo Cebrián, R. Guía para la Intervención Telepsicológica. Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.
  • Fernandez, E., Woldgabreal, Y., Day, A., Pham, T., Gleich, B. y Aboujaoude, E. (2021). Live psychotherapy by video versus in-person: A meta-analysis of efficacy and its relationship to types and targets of treatment. Clinical Psychology & Psychotherapy.
  • Seuling, P. D., Fendel, J. C., Spille, L., Göritz, A. S. y Schmidt, S. (2023). Therapeutic alliance in videoconferencing psychotherapy compared to psychotherapy in person: A systematic review and meta-analysis. Journal of Telemedicine and Telecare.
  • Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.
  • Reglamento (UE) 2016/679 (RGPD) y Ley Orgánica 3/2018 (LOPDGDD).